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viernes, 14 de enero de 2011

De como acabé vendiendo mi alma al diablo

Me he despertado temprano, pero no tengo ninguna intención de levantarme, al menos hasta las 11. Hoy es mi primer día laborable sin trabajo, me podía haber despertado triste, confuso, preocupado, agobiado, irascible, llorando, deprimido, incluso dando puñetazos al aire, pero no, estoy tranquilo, no feliz, pero si como en paz conmigo mismo.
No pienso levantarme hasta las 11, mi mujer y mis hijos ya andan dando vueltas por la casa, el desayuno, la mochila, corre Javi que vienes el bus, Juan acaba de peinarte, se abre la puerta, se cierra la puerta, me quedo solo. Enciendo el televisor y desde la cama veo los reportajes de los partidos de anoche, perdió el Deportivo, lastima, bueno en realidad me importa un bledo, apago y me doy media vuelta.
Me gustaría seguir durmiendo, pero no soy capaz, por mi cabeza pasa la hipoteca, las letras del coche, el dentista de Javi, las facturas de Agua, Luz, Gas, y alguna más supongo. Mi sueldo no era malo, en condiciones normales llegaba para todo esto, pero no para ahorrar ni un puto euro al mes y si alguna vez sobraba algo ya se encargaba la mujer de darle utilidad.
Pues sí, estoy tranquilo, anoche a última hora se me ocurrió hacer algo para conseguir que mi familia pudiese mantener su escaso nivel de vida. Se me ocurrió vender mi alma al diablo BBVA, si, mirando por Internet encontré una web dedicada a esto y tras indagar en ella, me informaron como debía hacer y cuanto podía cobrar. Claro que habían diferentes precios, dependía si era un cura o ingeniero, músico, poeta, cristalero, albañil, etc. diferentes oficios o si era tímido, aventurero, si me gustaban las mujeres, si comía cerdo, en fin, tres hojas de posibilidades y cada una un precio distinto. Lo que mejor se pagaba era ser ingeniero en telecomunicaciones y fogonero, lo peor, novelista o poeta y casado, esto último sería porque era caro mantener a la familia, intentaban que mejor fuesen solteros o solteras, o viudos o viudas, no saben nada.
Yo trabajo de chofer y el resto de mi tiempo hago páginas web o escribo en blogs, tasaron mi alma en 2,300.- € al mes para la familia desde que me muriese, mientras era problema mío. Era una forma de obligarte a trabajar o morir, hay que ver como son estos tiempos, así que me dije: bueno, si en dos meses no encuentro trabajo de chofer pues me suicido y ya.
Como era el primer día sin trabajo me lo tomé con un poco de calma, me levanté, pues pensaba ir a tomar unos vinos y después de comer ya empezaría a buscar. Y así lo hice, me desperté de la siesta y salí de casa en busca de… y en dos segundos debieron pasar dos meses y claro lo que me temía, los niños solo comían lo que les daba la vecina, vestían harapos regalados por los vecinos, la mujer ni siquiera iba a la peluquería y cuando me miraba me decía: que? Ella sabía lo de mi pacto, y se lo había contado a toda su familia, yo a la mía no le dije nada por aquello de la vergüenza, también porque eran como mas católicos, y entonces cuñados, suegros, sobrinos empezaron a presionarme, y me preguntaban por los pasillos: que?.
No me quedó mas opción, llamé a la oficina de ventas y le dije que mañana vinieran a recoger mi alma, que esta noche iba a morirme. Me tomaron nota de la dirección y del número de la cuenta corriente para hacer el primer ingreso, y colgaron. Me subí al tejado y me tiré a la calle, para matarme, claro, pero tropecé con el tendal que amortiguó la caída y en vez de morirme, rompí dos piernas y tres costillas, menos mal que estaban por allí mi mujer y mi suegra, que escuchando mis gritos, se acercaron y me dijeron: que? Ni siquiera me dió tiempo a explicarles, fueron a por el cuchillo de la carne y me cortaron la yugular, luego empezaron a llorar, y apañar el entierro. Yo las entiendo, son sus hijos.

5 comentarios:

Optimus dijo...

Me gusta mucho tu reflexión Menalcas, seguro que más de uno te agradecería que publicaras la web de venta de almas y el número de teléfono para contratar (cosas de la crisis)…

Ah, y por un acantilado no habría fallado, no hay tendales... je, je!

Un fuerte abrazo.

sergio sandoval ocana dijo...
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Anónimo dijo...

La mejor historia. La conto una vez muerto no? Jajajajaja

Oscar Polanco dijo...

Y yi

mason iluminado dijo...
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