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sábado, 3 de septiembre de 2011

la niña mala dos





- Cariño, no digas nada, hoy solo necesito que me escuches.
Nos sentamos, preparó dos martinis con mucha ginebra y empezó a contarme.
Hace tres días, mi marido marchó de viaje de negocios a Tokio, estaba sola y con el camisón puesto para ir para cama, cuando de repente me vino a la cabeza la noche aquella que tu y yo pasamos juntos en aquel hotel de Cancun. Espero que te acuerdes de aquella camarera que entró en la habitación, llevando unas copas de un licor extraño que bebimos lentamente. Me dijistes que tú no la habías llamado y yo tampoco lo había hecho, aún no sé como sucedió aquello.
Después de haberlo bebido empecé a tener mucho calor, tú me decías que tambien lo sentías y así que poco a poco nos fuimos quitando la ropa hasta quedarnos totalmente desnudos. Me besaste y me tiraste sobre la cama donde hicimos el amor mas de una vez en aquella tarde. Nunca volví a sentir el placer de aquella forma.
Yo me acordaba palabra por palabra de todo lo que me estaba contando, también sé que nunca volvimos a pasar una tarde como aquella y eso que alguna vez más lo intentamos. Entonces Rose lo que me pidió era si podiamos volver a aquel hotel y repetir la experiencia, había que aprovechar la próxima semana que su marido volvía a salir de viaje, así que quedamos en que yo la llevaría a México y al mismo sitio.
Como habíamos previsto el marido marchó y esa misma tarde volamos a Mexico, llegamos al hotel a media tarde, casi anocheciendo, me hubiese gustado conseguir la misma habitación, pero ya ni me acordaba del número, antes de nada dimos un paseo por la playa,


subimos a la habitación y mientras sacabamos la ropa de la maleta llamaron a la puerta, la misma camarera de la otra vez con dos copas de licor, sin preguntar nada nos lo bebimos, casi sin luz nos fuimos desnudando poco a poco, y con cada prenda un beso, una caricia, unos abrazos, ya totalmente desnudos nos tiramos sobre la cama y volvimos a hacer el amor igual no, muchisimo mejor que cuando no estaba casada, nos envolvimos en abrazos y sudor, nos recorrimos el cuerpo con la boca, nos entregamos hasta acabar con nuestras fuerzas mientras la oscuridad nos cerraba los ojos, y así, sobre la cama los dos juntos y desnudos, Rose encendió un cigarrillo y al hacerlo una sombra de movió al pie de la cama, de pronto noto como una respiración a lo lejos, un sonido de pasos sobre el parquet, salto de la cama y como puedo enciendo la luz, y allí pegado a la pared, sentado en un sillón, el marido gordo y seboso nos mira y sonrie, me levanto sobresaltado y temblando le miro como intentando hacerlo desaparecer pues no puedo creer lo que estoy viendo, pero él sigue sonriendo entonces vuelvo la cabeza a Rose para que me ayude a entender, ella tambien me sonrie.
A lo lejos un mariachi toca una canción.

2 comentarios:

Dyhego dijo...

MENALCAS:
¡No sabe quién es más malísimo: si la chica, si la camarera o si el marido!
Jajajaja.
Salu2 (sin licorcito, jejeje)

Menalcas dijo...

Dyego: creo que fui yo quien se bebio el licor, la proxima vez intentaré que sea mejor. un saludo